
Eran las seis de la tarde de un domingo de lluvia, de esos que te hunden el ánimo. El termo ya estaba vacío, el mate lavado y en el living se sentía esa tensión que conozco de memoria. Bastó que mi mujer mencionara algo sobre el cronograma de la nena para la semana que viene para que yo sintiera ese nudo frío en el estómago que aparece apenas escucho el tono de voz que precede a la discusión de siempre. No era por la tarea ni por quién la llevaba al colegio; era el ruido de fondo de un ciclo que venimos arrastrando desde 2023.
Laburo en logística, cerca del puerto de Rosario. Acá manejamos el 80% de las exportaciones agroindustriales del país, y si algo aprendí coordinando camiones es que cuando un acceso se bloquea, no sirve de nada putear al chofer; hay que entender por qué no avanza. En casa, me pasaba lo mismo. Mi mujer es docente de primaria, viene de cumplir con los 190 días de clases del calendario escolar y está detonada. Nuestra hija tiene 6 años, empezó primer grado este año y la logística familiar se volvió un Tetris imposible. Pero en lugar de ver su cansancio, yo veía un ataque a mi poco tiempo libre.
El experimento de dejar de tener razón
Esa tarde, mientras escuchaba de fondo el sonido de los camiones a lo lejos cerca del puerto, decidí probar algo que había anotado en mi cuaderno. Siempre que discutíamos por el tiempo de pantalla después de cenar o por las visitas a mis suegros, mi reacción automática era corregir los hechos. "No es así", "Te estás olvidando de que yo hice tal cosa". Error de novato. Lo que intenté fue la validación emocional, pero a lo bruto, como me sale a mí.
Validar no es decirle al otro que tiene razón en lo que dice, sino que tiene derecho a sentirse como se siente. Es reconocer que su emoción es real, aunque a vos te parezca una exageración. En medio de los reproches por los platos sin lavar del almuerzo, en lugar de saltar con mi lista de tareas cumplidas, hice un silencio de tres segundos. Me acordé de lo que leí sobre el nudo de comunicación y simplemente dije: "Parece que estás muy agotada y sentís que todo el peso del orden recae sobre vos".
Se produjo un silencio rarísimo. Ella se quedó mirándome, esperando el contraataque que no llegó. No le di la razón sobre los platos, solo le di entidad a su cansancio. Es un cambio de frecuencia, como cuando pasás de una AM que hace interferencia a una FM nítida. A veces, cuando sientes que tu matrimonio está estancado en la rutina, el problema no es lo que hacen, sino cómo se escuchan.
Cómo validar sin que parezca un guion de autoayuda
Yo soy alérgico a las frases hechas. Si le digo a mi mujer "entiendo tu sentir", me tira con el termo por la cabeza. El experimento funciona si usás tus palabras. Lo que yo hice esa semana fue anotar tres frases cortas para usar cuando la cosa se ponía espesa:
- "Tiene sentido que estés enojada si pensás que no te estoy escuchando".
- "Veo que esto te está angustiando mucho, hablemos de eso primero".
- "Entiendo que para vos sea importante resolver esto ahora, aunque yo necesite un minuto".
El truco está en no meter un "pero" inmediatamente después. El "pero" borra todo lo que dijiste antes. Si decís "Entiendo que estés cansada, PERO yo también laburé todo el día", acabás de anular la validación. Es como querer frenar un camión cargado de soja con un escarbadientes. La clave es dejar que la validación respire unos segundos. Es increíble cómo baja la espuma cuando el otro no siente que tiene que gritar para que registres su estado de ánimo.
El peligro de la validación "para que se calle"
Acá es donde la pifié feo una noche de semana. Estábamos con el televisor apagado después de cenar y ella empezó con un reclamo sobre los fines de semana con mis viejos. Yo, para terminar rápido y seguir con lo mío, le dije: "Sí, sí, entiendo que te moleste, tenés razón". Lo dije sin mirarla, con el tono de quien le da el paso a un auto en un semáforo solo para que no toque bocina.
Fue peor. Me saltó a la yugular porque se dio cuenta de que lo hacía para manipular su reacción y terminar la pelea rápido. Validar los sentimientos de tu pareja antes de resolver el conflicto puede empeorar la situación si lo hacés solo para silenciarla. No es una técnica de marketing; es un intento honesto de conexión. Si no estás dispuesto a ver realmente el dolor o el estrés del otro, mejor no digas nada. La validación falsa se huele a un kilómetro, como el olor a cereal de las terminales portuarias cuando hay humedad.
Esa noche tuve que retroceder, dejar el celular (que es otro gran detonante) y admitir: "Perdón, lo dije para cerrar el tema. De verdad veo que te sentís sola en esto de los domingos". Recién ahí pudimos hablar de los acuerdos de crianza al empezar el colegio sin que terminara en un portazo. Validar es confirmar que lo que el otro siente es real para él, punto. No es un contrato donde firmás que estás de acuerdo con cada palabra.
Lo que aprendí en el cuaderno de notas
Después de un mes de probar estas pequeñas intervenciones, noto que el clima en casa cambió un poco. No somos una publicidad de margarina, pero ya no nos pasamos tres días sin hablarnos después de un domingo malo. Hay señales pequeñas: ella suspira en lugar de gritar, o yo me doy cuenta del nudo en el estómago y elijo preguntar en lugar de defenderme. Es un laburo de hormiga, mucho más lento que coordinar el despacho de un buque panamax.
En el proceso, chusmeamos varios materiales. Hicimos una parte de soluciona-conflictos-parejas-extraordinarias, un programa que encontré en Hotmart. Sinceramente, me salté los módulos que hablaban de "energías" y cosas raras, pero la parte de técnicas de escucha activa nos sirvió un montón para darnos cuenta de que casi nunca nos escuchábamos para entender, sino para responder. Ese cambio de chip fue fundamental.
Ojo, yo no soy terapeuta ni coach. Soy un tipo que labura en el puerto y que quiere que su casa sea un lugar tranquilo. Si ves que probás estos experimentos y la cosa sigue igual de trabada, si el bucle es tan profundo que ya ni se acuerdan por qué empezaron a pelear, mi consejo de rosarino que vio a Newell's perder demasiadas finales es que no se dejen estar. A veces, hablar con un terapeuta de pareja es la única forma de desatar los nudos que nosotros mismos no alcanzamos a ver.
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